¿Tengo un hijo plurilingüe bien o maleducado?

Aparte de los aspectos estrictamente lingüísticos de la cultura los elementos socioculturales van cobrando cada vez más importancia en la educación de lenguas extranjeras. Ya que la falta de estos últimos puede causar que teniendo un buen vocabulario y conocimientos de gramática sólidos nos ocurran cosas extrañas o nos pasen cosas diferentes de lo esperado.  Así que un niño plurilingüe tiene que aspirar no solamente a la adquisición de varias lenguas al más alto nivel posible, sino que debe conocer y utilizar correctamente las estrategias interactivas y de comportamiento que corresponden a cada lengua es decir sentirse en casa en cada una.  

Mientras la lengua y su contexto sociocultural en el caso de una persona monolingüe crean una unidad orgánica, los plurilingües disponen de un sistema más complejo y dinámico. Además, la lengua la podemos aprender incluso de una única persona, en cambio las características socioculturales las asimilamos de la comunidad, observando y practicando las interacciones entre individuos de su propio grupo étnico.  La cantidad de input como generalmente en los procesos de aprendizaje es decisivo, así que el niño plurilingüe, aunque vaya aprendiendo varias lenguas, sentirá más familiar aquellos elementos socioculturales con los que tiene más contacto. De este modo puede ocurrir, por ejemplo, que:  

Niños que llegan de una cultura donde es habitual hablar en tono elevado, volviendo a un país cuya lengua dominan, pero donde se conversa más silenciosamente, sigan conversando en un tono más alto de lo acostumbrado allí y utilicen gestos más llamativos.

O que viniendo de una cultura más indirecta al dirigirse a una persona mayor utilicen la forma de tutear en vez de decir Usted.

Cuánto más alto es el nivel de lengua alcanzado por el niño tanto más estricto es el entorno en cuanto a las faltas de las normas socioculturales. En cambio, si habla con un fuerte acento o comete errores gramaticales o le cuesta encontrar palabras, el entorno suele actuar más permisivamente.

¿Pero qué podemos hacer para evitar los conflictos? Llamemos la atención del niño a lo que en aquel lugar no esté bien visto explicándole como son las normas de allí. De este modo tales ocasiones ofrecen una buena oportunidad para hablar de las diferencias ya que su conocimiento es fundamental para conseguir una buena comunicación. En muchos casos tropezaremos con reglas implícitas. Solemos utilizar la expresión bien educado si alguien conoce bien dichas normas y se comporta respetándolas. Sin embargo, ser bien educado en una cultura no significa necesariamente serlo en otra e incluso puede ser de mala educación.

 Lo óptimo sería que nuestro hijo plurilingüe actúe en cada entorno según las expectativas locales es decir no sea superfluo utilizando el Usted en una cultura con una comunicación más directa y gesticule y hable en tono elevado. Esto significará que tiene una alta competencia intercultural y esto se consigue solo a través de un proceso de aprendizaje consciente, convirtiendo las normas implícitas en explícitas es decir hablando de ellas.  En resumen, no solo la cantidad del input es  lo que cuenta sino también la calidad.


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