¿Es útil crear orden de valor entre las lenguas?


Cinco factores básicos influyen en el aprendizaje de lenguas de los plurilingües, según la teoría de Britta Hufeisen. Entre estos hoy me dedicaré a escribir sobre el factor de la emoción.

¿Os acordáis de vuestro profesor o profesora favorito en el colegio, cuya asignatura os ha gustado tanto y de la que habéis sacado una nota mejor que la habitual? Estudios afirman que aprendemos más eficientemente en un entorno positivo. Lo mismo pasa con las lenguas de contacto de las personas plurilingües.   

Esa es la razón por la que conviene mantener una actitud positiva con todas las lenguas del entorno del niño. Es evidente que puede haber diferencias según el tiempo de exposición y la regularidad que el alumno escucha o utiliza una u otra lengua. Pero además cobra mucha importancia el modo y el estilo con el que nos dirigimos a ellos o si les leemos, etc. Y, además, con la que le podemos prestar mucha ayuda, es la disposición emocional que es nuestro tema de hoy. O sea que no tenga experiencias negativas respecto a ninguna lengua. ¿Pero cómo conseguirlo?  Sobre todo, con el hecho de permitirle equivocarse. En el caso de que diga algo erróneamente, en vez de mencionar que se haya equivocado, reformulemos su frase correctamente como si no hubiera pasado nada.

P.ej: -¿Qué color tiene la flor?

       - ¿De qué color es la flor? Naranja...

Si expresamos disgusto sobre sus errores, el niño posiblemente evitará hablar en tal lengua y preferirá utilizar otra lengua que domina mejor o de la que nosotros sabemos menos. Si no se le ocurre una palabra, y por este motivo recorre al uso de un elemento de otro idioma, hagamos lo mismo, reformulemos su secuencia correctamente. Ya que al pronunciar algo ya había pensado en cómo decirlo. O sea, si en aquel momento en seguida le ayudamos, aprenderá con más facilidad. El léxico crece más rápido, es decir la falta de vocabulario se resuelve con más facilidad. No obstante, los errores gramaticales son más resistentes y suelen aparecer repetidamente porque detrás de ellos se esconden mecanismos complejos.

Por otra parte, el proceso del aprendizaje de la lengua no se acaba nunca, incluso los monolingües aprenden durante toda su vida. Pensemos en los textos literarios o especializados donde siempre podemos toparnos con una palabra o expresión nueva. En el caso de los plurilingües ocurre lo mismo, pero como ellos reciben los inputs en diferentes lenguas al mismo tiempo, puede haber un retraso en cuanto al vocabulario en cada lengua o en algunas de ellas.  Resulta que en el conjunto de todos sus idiomas los plurilingües pueden superar a sus compañeros monolingües. La buena noticia es que con un apoyo consciente se puede aumentar el léxico, pensemos en los autores plurilingües y su extraordinaria capacidad de expresión como por ejemplo Alejo Carpentier o Javier Mendoza. 

En resumen, si concedemos el apoyo emocional a los niños por lo que se refiere a nuestra lengua, seamos tan generosos de no bajar tampoco la posición de las otras lenguas. No digamos nunca nada peyorativo sobre ninguna lengua con la que nuestro hijo tiene contacto. Y evidentemente no permitamos a otros que lo hagan sobre la nuestra. Es decir, utilicemos con naturalidad nuestra lengua con los hijos, pero si nos pidieran que les leamos de libros de otros idiomas hagámoslo ya que así van a aprender a estar abiertos a otras culturas.

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